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JÓVENES PERUANOS 

 

Ustedes, que se preparan para administrar el país y sucedernos en las acciones, exhortamos a despertar y vislumbrar lo que les trae el futuro. No se requiere ser visionario cual Nostradamus para percibir la oscuridad, el dolor y el caos que les aguarda: con un sistema de administración pública corrupta hasta la médula, con instituciones como las universidades tomadas por mafias organizadas; con poderes de “gobierno” (ejecutivo, legislativo, judicial y electoral) corroídos por el cáncer de la corrupción; con unas fuerzas armadas y policiales sin honra ni moral, convertidas en enemigos de los intereses del pueblo; etc., etc. Recibirán ustedes un país donde reina la injusticia y el abuso, la coima y el negociado de favores que permite el cargo público, el nepotismo y la desvergüenza en su máxima expresión; el delito impune como medio para lograr los sucios fines; el saqueo y la depredación de la riqueza natural que también les pertenece; la peligrosísima entrega de los bienes y servicios de nuestra nación al país vecino del sur; el debilitamiento y vulnerabilidad de la seguridad nacional; la falta de oportunidades para desarrollarse en este vuestro país, que les obliga a convertirse en parias en tierras extrañas; entre otros males.

No todo está perdido, es aun tiempo de cambiar el rumbo al cual viene siendo empujado el país por la corrupta clase política, y construir un país grande y fuerte que compartir con vuestros hijos con paz y dignidad. La tarea es de todos, recuerden que:  

“El mal triunfa donde los hombres buenos nada hacen para evitarlo”.

 

Escribir al correo vyr1879@yahoo.es

PERÚ Y CHILE

I

 

     El Perú no sufrió calamidad más desastrosa que la guerra con Chile. Las campañas de la Independencia i la segunda lucha con España nos costaron preciosas vidas i grandes sacrificios; pero nos dieron vida propia, nombradía i levantaron el espíritu nacional. El 9 de diciembre nacimos, el 2 de Mayo crecimos, nos ajigantamos.

     Es que, en 1824 i 1866, no sufrimos el empequeñecimiento de la derrota. La sangre derramada en los campos de batalla, los capitales destruídos en el incendio, las riquezas perdidas en el saqueo de las poblaciones, mui poco significan en comparación de los males que inficionan el organismo de las naciones vencidas. El perjuicio causado por nuestro vencedor no está en los asesinatos, en las devastaciones ni en las rapiñas: está en lo que nos deja i nos enseña.

     Chile se lleva guano, salitre i largos jirones de territorio; pero nos deja el amilanamiento, la pequeñez d=espíritu, la conformidad con la derrota i el tedio de vivir modesta i honradamente. Se nota en los ánimos apatía que subleva, pereza que produce rabia, envilecimiento que mueve a náuseas.

     Chile nos enseña su ferocidad araucana. En la última contienda civil nos mostramos crueles hasta la barbarie, hicimos Y que el roce con un enemigo implacable i sanguinario había endurecido nuestras entrañas. Brotaron, de no sabemos dónde, al en cólera o fieras desconocidas en la fauna peruana. La injénita mansedumbre del carácter nacional tuvo regresiones a la fiereza primitiva. En la nación magnánima (donde las discordias civiles terminaron siempre con el olvido para los errores comunes i la conmiseración para el hermano caído) queda hoi, después de i lucha, el odio d=enemigos vascuences, el rencor de tigre a tigre. Rencor i odio que deberíamos reservar para el enemigo de todos, los atizamos contra nosotros mismos. De nuestro sueño cataléptico, despertamos para sólo esgrimir los puños i lanzarnos imprecaciones de muerte.

     Es que en el comercio íntimo, en el trato duradero i en la conquista secular, se opera fusión de razas con amalgamiento de vicios i virtudes; mientras en la invasión destructora i violenta, vencido i vencedor olvidan las virtudes propias i adquieren los vicios del estraño. Los pueblos más civilizados ocultan su reverso salvaje i bestial: en la guerra se verifica el choque de hombre contra hombre por el lado bestial i salvaje.

     Si el Perú se contajió con la ferocidad araucana, Chile se contaminó con el virus peruano. El contacto de ambas naciones recuerda el abrazo de Almanzor, un medio de comunicarse la peste. Nadie ignora que nuestro vencedor de ayer se ve atacado ya por el cáncer de la más sórdida corrupción pública: las prensas de Santiago i Valparaíso lo dicen a todas horas i en todos los tonos. Chile retrata hoi al Perú de la Consolidación i del contrato Dreyfus: entra por el camino que nosotros seguíamos, será lo que fuimos. El mendigo que hace poco se llamaba feliz con la raja de sandía i el puñado de porotos, se ahitará mañana en los opíparos festines del magnate improvisado. Con facilidad se vuelve pródigo el tahur que entra pobre a la casa de juego i sale rico por un golpe de fortuna.

     Pero no veamos una compensación de nuestras calamidades en la corrupción política de nuestro enemigo ni pensemos abandonarle nuestra riqueza i nuestro territorio como un presente griego, ni creamos que en su organismo acabamos de inocular un jermen de muerte prematura.

     Chile, con todas sus miserias, nos vencerá mañana i siempre,si continuamos siendo lo que fuimos i lo que somos. Rodeado con el prestijio de sus victorias, posee crédito; así que en toda guerra tendrá dinero, i con el dinero, soldados i buques, rifles i cañones, amigos i espías.

     De loco debe tacharse al pueblo que para robustecerse no abriga más esperanza que la debilitación de los pueblos limítrofes. Ver encorvarse al vecino ¿equivale a crecer nosotros? Ver sangrar un enemigo ¿da una gota de sangre a nuestras venas? El decaimiento de Chile debería regocijamos, si el nuestro cesara o fuera menor, si en tanto que él se achica nosotros creciéramos; pero mientras Chile decrece en progresión aritmética, nosotros lo hacemos en progresión jeomética. La fuerza de la naciones se oculta en ellas mismas, viene de su elevación moral. La luz del gas que arde a nuestros ojos, irradia los rayos del Sol almacenados en las entrañas de la Tierra; el hombre que nos deslumbra con su jenerosidad o heroísmo, descubre las virtudes en incubadas lentamente al calor de una buena educación.

      II

 

     De veinte años a la fecha, desde las victorias de Prusia, el mundo europeo tiende a convertir sus hombres en soldados i sus poblaciones en cuarteles. A la plaga de los individuos --el alcoholismo-- responde la peste de las naciones --el militarismo--. Nadie se pregunta si habrá conflagración universal, sólo se quiere adivinar quién desenvainará la espada, dónde será el campo de batalla, qué naciones quedarán arrolladas, pisoteadas i pulverizadas. Todos aguardan la crisis suprema, porque saben que los bedores de sangre sufren también sus ataques de delirium tremens.

     Chile, con el instinto de imitación, natural a los pueblos juveniles, remeda el espíritu guerrero de alemania i enarbola en América el estandarte de la conquista. El Imperio Alemán apresó con sus garras de águila Alsacia i Lorena; Chile cojió con sus uñas de buitre Iquique y Tarapacá, i, para ser más que Alemania, piensa cojer Arica, Tacna i acaso el Perú entero.

     Entre tanto ¿qué hacemos nosotros? Viviendo en la región de las teorías, olvidamos que los estados no se rijen por humanitarismo romántico ni ponen la mejilla izquierda cuando reciben una bofetada en la derecha; olvidamos que ante la inmolación de un pueblo todos observan una purdencia egoísta, cuando no cubren de flores al vencedor i abruman de ignominias al vencido; olvidamos, por último, que en las relaciones individuales los hombres menos civilizados conservan un resto de pudor social i guardan las apariencias de guiarse por la filantropía, mientras en la vida internacional las naciones más cultas se quitan la epidermis civilizada i proceden como salvajes en la selva.

     Nosotros no caímos porque las guerras civiles no debilitaran o nos esquilmaran. Luchas más desgarradoras i tenaces que las nuestras sostuvieron l'Arjentina, Venezuela, Colombia i perticularmente México. Caímos porque Chile, que vela mientras el Perú duerme, nos sorprendió pobres i sin crédito, desprevenidos i mal armados, sin ejército ni marina.

     -Ojalá hubiéramos pasado por algunas de aquellas revoluciones que remueven de alto abajo la sociedad i la dividen en dos bandos sin consentir indiferentes o egoístas! Desgraciadamente, como las tempestades en el Océano, todas nuestras sediciones de cuartel se deslizaron por la superficie sin alcanzar a sacudir el fondo.

     Si las sediciones de pretorianos denuncian decadencia, los continuos levantamientos populares manifiestan superabundancia de vida. Las naciones jóvenes poseen un sobrante de fuerza que dirijen contra su propio organismo cuando no l'emplean en l'agricultura, la industria, las artes o la conquista. Los pueblos se ajitan para su bien, como los niños saltan i corren para lubrificar sus articulaciones i desarrollar sus músculos. Las guerras civiles sirven de aprendizaje para las guerras esteriores: son la jimnasia de las naciones. Santas las llamó Joseph de Maistre, i Chateaubriand sostuvo que retemplaban i rejeneraban a los pueblos.

     Nuestros procedimos en sentido inverso: figurándonos que nuestro empirismo semiteolójico i semiescolástico era el summum de la sabiduría, cerramos el paso a todo lo que no fuera esclusivamente nacional i nos entregamos ciegamente a la iniciativa de nuestros hombres. I ¿qué tuvimos? Lo de siempre: buenos sabios que de la instrucción pública hicieron un caos, buenos hacendistas que nunca organizaron un solo presupuesto, buenos diplomáticos que celebraron convenciones funestas, buenos marinos que encallaron los buques i buenos militares que perdieron las batallas.

     Hoi mismo, después del tremendo cataclismo, nos adormecemos en la confianza, olvidamos que Chile nos daría mil vidas para la juventud, no para hombres que han de luchar en los campos de batalla, sino para funcionarios pasivos que han de anquilosar sus articulaciones entre los cuatro muros de una oficina. Continuamos con todas nuestras preocupaciones de casta i secta, con todas nuestras pequeñeces de campanario. Si persona estraña viene a ofrecernos luz o a querer inocularnos el fermento de vida moderna, nos sublevamos en masa, nos creemos ofendidos el orgullo nacional, i llamamos dignidad herida a lo que en todas partes se nombra ignorancia presuntuosa i desvergonzada. Cuando pluma estranjera censura nuestros vicios sociales o descubre las miserias de nuestros hombres públicos, estallamos de ira i pregonamos a la faz del mundo que en los negocios del Perú deben mezclarse únicamente los peruanos, que nuestros hombres públicos no pertenecen al tribunal del jénero humano, sino a la jurisdicción privativa de sus compatriotas... Afirmaciones de topo que nada concibe más allá de la topera, esclusivismos de infusorio que limita su radio visual a la gota de agua.

     

III

 

     Nada tan hermoso como derribar fronteras i destruir el sentimiento egoísta de las nacionalidades par'hacer de la Tierra un solo pueblo i de la Humanidad una sola familia. Todos los espíritus elevados i jenerosos converjen hoy al cosmopolitismo, todos repetirían con Schopenhauer que "el patriotismo es la pasión de los necios i la más necia de todas las pasiones". Pero, mientras llega la hora de la paz universal, mientras vivimos en una comarca de corderos i lobos, hai que andar prevenidos para mostrarse corderos con el cordero i lobos con el lobo.

     Tenemos que cerrar el paso a la conquista i defender palmo a palmo nuestro territorio, porque la patria no es sólo el pedazo de tierra que hoy bebe nuestras lágrimas i mañana beberá nuestra sangre, sino también el molde especial en que se vacia nuestro sér, o mejor dicho, l'atmósfera intelectual i moral que respiramos. Tanto debe el hombre al país en que nace, como el árbol al terreno en que arraiga. Conquistarnos, equivale a modificar súbitamente nuestro modo d'existir, a sumerjinos en otro medio ambiente para condenarnos a la asfixia.

     I no todo se reduce a nuestro mezquino interés personal. Gozamos de las propiedades nacionales como se goza de un bien usufructuario: si de nuestros padres heredamos un territorio grande i libre, un territorio grande i libre debemos legar a nuestros descendientes, ahorrándoles la afrenta de nacer en país vencido i mutilado, evitándoles el sacrificio de recuperar a costa de su sangre los bienes i derechos que nosotros no supimos defender a costa de la nuestra. Nada tan cobarde como la jeneración que paga sus deudas endosándolas a las jeneraciones futuras.

     Ideas más nobles obligan también a repeler todo ataque i vengar todo atropellamiento. "Sufrir una injuria es dar alas a la violencia i contribuir cobardemente al triunfo de la injusticia. Si, el derecho vulnerado cediera sin resistir, el mundo caería mui pronto en garras de la iniquidad".

     Los hombres de ayer, que olvidaron todo eso, desfilan a nuestros ojos, sofocando en su pecho la voz del remordimiento i queriendo borrar de su frente las indelebles manchas de lodo i sangre; los hombres de hoi seremos execrados por la jeneración de mañana, si no damos a nuestros músculos vigor para herir i a nuestro cerebro luz para saber dirijir el golpe.

     Necesitamos verificar una evolución par'adaptamos al medio internacional en que vivimos. Por carácter, por la benignidad del clima, por la riqueza del país, por la facilidad de vivir holgadamente con poco trabajo, somos pacíficos, anticonquistadores, amigos del reposo i refractarios a la emigración. Por nuestra posición jeográfica, rodeados del Ecuador, el Brasil, Bolivia i Chile, condenados fatalmente a ser campo de batalla donde se rifen los destinos de Sud América, tenemos, que trasformamos en nación belicosa. El porvenir nos emplaza para una guerra defensiva. 0 combatientes o esclavos.

     Cierto, el querer caprichoso no basta para crear instintos nacionales o improvisar acontecimientos; pero la voluntad, firme i guiada por la Ciencia, logra modificar el mundo esterno, variar lentamente la condición moral de las sociedades i convertir al hombre en la verdadera Providencia de la Humanidad. Hai animal

     submarino que, a falta de ojos, adquiere antenas para caminar a tientas en las profundidades tenebrosas, i -un pueblo hundido e el oprobio de la derrota no puede crearse pasiones para odiar ni fuerzas para vengarse!

     La evolución salvadora se verificará por movimiento simultáneo del organismo social, no por simple iniciativa de los mandatarios. ¿Por qué aguardar todo de arriba? La desconfianza nosotros mismos, el pernicioso sistema de centralizar todo en m nos del Gobierno, la manía de someternos humildemente al impulso de la capital, influyeron desastrosamente en la fortuna del país. Especie de ciegos acostumbrados al lazarillo, quedamos inmóviles al sentirnos solos. Cuando en la guerra perdimos Lima, nos encontramos sin ojos, sin cerebro, como decapitados : En la nación bien organizada el pueblo no vive como el pasajero que descansadamente dormita en su camarote i de cuando en cuando abre los ojos para saber por curiosidad el número de leguas recorridas: por el contrario, todos mandan, todos trabajan, todos velan, porque hacen a la vez de capitán, de tripulación i de pasajeros.

     

IV

 

     Hai un valor que en los lances supremos conduce al sacrificio, i otro valor que en la existencia diaria se ciñe al cumplimiento de vulgares deberes. No necesitamos ahora del valor poético i acaso fácil porque sólo requiere un momento de resolución; necesitamos, sí, del valor prosaico i acaso difícil porque exije constancia en el trabajo i conformidad en la medianía. Morir violentamente, a la luz del Sol, entre el aplauso de la muchedumbre, causa menos amargura que perecer lentamente en la oscuridad 1 silencio de una mina.

     Estamos caídos, pero no clavados contra una peña; mutilados, pero no impotentes; desangrados, pero no muertos. Unos cuantos años de cordura, un ahorro de fuerzas, i nos veremos en condiciones de actuar con eficacia. Seamos una perenne amenaza, ya que todavía no podemos ser más. Con nuestro rencor siempre vivo con nuestra severa actitud de hombres, mantendremos al enemigo en continua zozobra,le obligaremos a gastar oro en descomunales armamentos i agotaremos sus jugos. Un día de tranquilidad en el Perú es una noche de pesadilla en Chile.

     Hablar de revancha inmediata, de próxima reivindicaión a mano armada, toca en delirio; lo seguro,lo cuerdo, estriba en

     apercibirse para la obra mañana. Trabajemos con la paciencia de la hormiga,i acometamos con la destreza del gavilán. Que la codicia de Chile engulla guano i salitre; ya vendrá la hora de que su carne coma hierro i plomo.

     Dejemos a otros el soñar reivindicaciones sin combates o revoluciones sin víctimas, i pensemos que lo malo no está en derramar sangre, sino en derramarla infructuosamente. Los pueblos no cuentan con más derechos que los defendidos o conquistados con el hierro; y la libertad nace en las barricadas 0 campos de batalla,no en protocolos diplomáticos ni ergos y distingos de Salamanca.

     Digan lo que digan ilusos i sentimentales,quien vence, vence. El vencedor, aunque pulverice al vencido i cometa delitos de lesa humanidad, deslumbra i seduce al mundo. En la mascarada de la Historia, todo crimen con l'aureola del buen éxito se conquista el nombre de virtud.

     Si algo cuesta salir vencido; respondan los habitantes de Iquique i Tarapacá, condenados a vivir de huéspedes en su propia

     casa; responden los de Arica i Tacna, destinados a esperar dudoso rescate, como navegantes cautivados por piratas arjelinos.

     Nosotros, que vemos el Sol sin que nos dé sombra la figura del invasor, no alcanzamos a imajinar la reprimida cólera de los peruanos sometidos a la dominación de Chile. Ellos confían i esperan en nosotros. No hablan; pero en silencio nos tienden los brazos, en silencio vuelven los ojos hacia nosotros,en silencio paran el oído aguardando escuchar el rumor de nuestros pasos. Como la Polonia de Víctor Hugo, las poblaciones del Sur esperan i esperan, i nadie va.

     I ¿quién ha de ir? Antes que nosotros vayamos hacia ellas alguien regresará contra nosotros. Chile n'olvida el camino del Perú, volverá. I sus venidas son de temerse, porque recuerdan las invasiones de los hunos i las razzias de los árboles: él destruye todo lo inmueble, desde la casa del rico hacendado hasta la choza del pobre indio; él traslada a Santiago todo lo mueble,desde el laboratorio de la escuela hasta el urinario de la plaza pública. Quien fabrique un'habitación, trabaje una mina o siembre un campo, debe pensar que fabrica, trabaja o siembra para Chile. La madre que se regocija con su hijo primojénito, debe pensar que ha de verle acribillado por balas chilenas; el padre que s'enorgullezca con su hija predilecta, debe pensar que ha de verla violada por un soldado chileno.

     Mientras se desgalgue la segunda invasión, atengámonos , ver en todas nuestras cuestiones financieras o internacionales la solapada intervención de Chile, cuando no la injerencia escandalosa i las órdenes conminatorias. Resuelto el problema de Arica y Tacna, suscitará nuevas complicaciones para mantenernos en continuo jaque; i el día que aparente olvidarnos o finja sentimientos benévolos, será cuando piense más en nosotros i fragüe mayores perfidias en nuestro daño. No satisfecho con habernos herido i espoliado ni con hacernos sentir a cada momento la humillación de la derrota, Chile buscará frívolos achaques para denigrarnos i acometernos, porque persigue la obra sistemática i brutal de imprimirnos en la cara un afrentoso estigma, de clavarnos un puñal en el corazón.

1888

     

©2006

Discurso en el Politeama

I

Señores:

     Los que pisan el umbral de la vida se juntan hoi para dar una lección a los que se acercan a las puertas del sepulcro. La fiesta que presenciamos tiene mucho de patriotismo i algo de ironía: el niño quiere rescatar con el oro lo que el hombre no supo defender con el hierro.

     Los viejos deben temblar ante los niños, porque la generación que se levanta es siempre acusadora i juez de la jeneración que desciende. De aquí, de estos grupos alegres i bulliciosos, saldrá el pensador austero i taciturno; de aquí, el poeta que fulmine las estrofas de acero retemplado; de aquí, el historiador que marque la frente del culpable con un sello de indeleble ignominia.

     Niños, sed hombres, madrugad a la vida, porque ninguna jeneración recibió herencia más triste, porque ninguna tuvo deberes más sagrados que cumplir, errores más graves que remediar ni venganzas más justas que satisfacer.

     En la orjía de la época independiente, vuestros antepasados bebieron el vino jeneroso i dejaron las heces. Siendo superiores a vuestros padres, tendréis derecho para escribir el bochornoso epitafio de una jeneración que se va, manchada con la guerra civil de medio siglo, con la quiebra fraudulenta i con la mutilación del territorio nacional.

     Si en estos momentos fuera oportuno recordar vergüenzas i renovar dolores, no acusaríamos a unos ni disculparíamos a otros. ¿Quién puede arrojar la primera piedra?

     La mano brutal de Chile despedazó nuestra carne i machacó nuestros huesos; pero los verdaderos vencedores, las armas del enemigo, fueron nuestra ignorancia i nuestro espíritu de servidumbre.

     

II

 

     Sin especialistas, o más bien dicho, con aficionados que presumían de omniscientes, vivimos de ensayo en ensayo: ensayos de aficionados en Diplomacia, ensayos de aficionados en Economía Política, ensayos de aficionados en Lejislación i hasta ensayos de aficionados en Tácticas i Estratejias. El Perú fué cuerpo vivo, espuesto sobre el mármol de un anfiteatro, para sufrir las amputaciones de cirujanos que tenían ojos con cataratas seniles i manos con temblores de paralítico. Vimos al abogado dirijir l’hacienda pública, al médico emprender obras de injeniatura, al teólogo fantasear sobre política interior, al marino decretar en administración de justicia, al comerciante mandar cuerpos d=ejército...Cuánto no vimos en esa fermentación tumultuosa de todas las mediocridades, en esas vertijinosas apariciones i desapariciones de figuras sin consistencia de hombre, en ese continuo cambio de papeles, en esa Babel, en fin, donde la ignorancia vanidosa i vocinglera se sobrepuso siempre al saber humilde i silencioso!

     Con las muchedumbres libres aunque indisciplinadas de la Revolución, Francia marchó a la victoria; con los ejércitos de indios disciplinados i sin libertad, el Perú irá siempre a la derrota. Si del indio hicimos un siervo ¿qué patria defenderá? Como el siervo de la Edad media, sólo combatirá por el señor feudal.

     I, aunque sea duro i hasta cruel repetirlo aquí, no imajinéis, señores, que el espíritu de servidumbre sea peculiar a sólo el indio de la puna: también los mestizos de la costa recordamos tener en nuestras venas sangre de los súbditos de Felipe II mezclada con sangre de los súbditos de Huayna-Capac. Nuestra columna vertebral tiende a inclinarse.

     La nobleza española dejó su descendencia dejenerada i despilfarradora: el vencedor de la Independencia legó su prole de militares i oficinistas. A sembrar el trigo i estraer el metal, la juventud de la jeneración pasada prefirió atrofiar el cerebro en las cuadras de los cuarteles i apergaminar la piel en las oficinas del Estado. Los hombres aptos para las rudas labores del campo i de la mina, buscaron el manjar caído del festín de los gobiernos, ejercieron una insaciable succión en los jugos del erario nacional i sobrepusieron el caudillo que daba el pan i los honores a la patria que exijía el oro i los sacrificios. Por eso, aunque siempre existieron en el Perú liberales i conservadores, nunca hubo un verdadero partido liberal ni un verdadero partido conservador, sino tres grandes divisiones: los gobiernistas, los conspiradores i los indiferentes por egoísmo, imbecilidad o desengaño. Por eso, en el momento supremo de la lucha, no fuimos contra el enemigo un coloso di bronce, sino una agrupación de limaduras de plomo; no una patria unida i fuerte, sino una serie de individuos atraídos por el interés particular y repelidos entre sí por el espíritu de bandería. Por eso, cuando el más oscuro soldado del ejército invasor no tenía en sus labios más nombre que Chile, nosotros, desde el primer jeneral hasta el último recluta, repetíamos el nombre de un caudillo, éramos siervos de la Edad media que invocábamos al señor feudal.

     Indios de punas i serranías, mestizos de la costa, todos fuimos ignorantes i siervos; i no vencimos ni podíamos vencer.

     

III

 

     Si la ignorancia de los gobernantes i la servidumbre de los gobernados fueron nuestros vencedores, acudamos a la Ciencia, ese redentor que nos enseña a suavizar la tiranía de la Naturaleza, adoremos la Libertad, esa madre enjendradora de hombres fuertes.

     No hablo, señores, de la ciencia momificada que va reduciéndose a polvo en nuestras universidades retrógradas: hablo de la Ciencia robustecida con la sangre del siglo, de la Ciencia con ideas de radio jigantesco, de la Ciencia que trasciende a juventud i sabe a miel de panales griegos, de la Ciencia positiva que en sólo un siglo de aplicaciones industriales produjo más bienes a la Humanidad que milenios enteros de Teolojía i Metafísica.

     Hablo, señores, de la libertad para todos, i principalmente para los más desvalidos. No forman el verdadero Perú las agrupaciones de criollos i estranjeros que habitan la faja de tierra situada entre el Pacífico i los Andes; la nación está formada por las muchedumbres de indios diseminadas en la banda oriental de la cordillera. Trescientos años há que el indio rastrea en las capas inferiores de la civilización, siendo un híbrido con los vicios del bárbaro i sin las virtudes del europeo: enseñadle siquiera a leer i escribir, i veréis si en un cuarto de siglo se levanta o no a la dignidad de hombre. A vosotros, maestros d=escuela, toca galvanizar una raza que se adormece bajo la tiranía del juez de paz, del gobernador i del cura, esa trinidad embrutecedora del indio1.

     Cuando tengamos pueblo sin espíritu de servidumbre, i militares i políticos a l=altura del siglo, recuperaremos Arica i Tacna, i entonces i sólo entonces marcharemos sobre Iquique i Tarapacá, daremos el golpe decisivo, primero i último.

     Para ese gran día, que al fin llegará porque el porvenir nos debe una victoria, fiemos sólo en la luz de nuestro cerebro i en la fuerza de nuestros brazos. Pasaron los tiempos en que únicamente el valor decidía de los combates: hoi la guerra es un, problema, la Ciencia resuelve la ecuación. Abandonemos el romanticismo internacional i la fe en los auxilios sobrehumanos: la Tierra escarnece a los vencidos, i el Cielo no tiene rayos para el verdugo.

     En esta obra de reconstitución i venganza no contemos con los hombres del pasado: los troncos añosos i carcomidos produjeron ya sus flores de aroma deletéreo i sus frutas de sabor amargo. ¡Que vengan árboles nuevos a dar flores nuevas i frutas nuevas! ¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra!

     

IV

 

     ¿Por qué desesperar? No hemos venido aquí para derramar lágrimas sobre las ruinas de una segunda Jerusalén, sino a fortalecernos con la esperanza. Dejemos a Boabdil llorar como mujer, nosotros esperemos como hombres.

     Nunca menos que ahora conviene el abatimiento del ánimo cobarde ni las quejas del pecho sin virilidad: hoi que Tacna rompe su silencio i nos envía el recuerdo del hermano cautivo al hermano libre, elevémonos unas cuantas pulgadas sobre el fango de las ambiciones personales, i a las palabras de amor i esperanza respondamos con palabras de aliento i fraternidad.

     ¿Por qué desalentarse? Nuestro clima, nuestro suelo ¿son acaso los últimos del Universo? En la tierra no hai oro par=adquirir las riquezas que debe producir una sola Primavera del Perú. ¿Acaso nuestro cerebro tiene la forma rudimentaria de los cerebros hotentotes, o nuestra carne fué amasada con el barro de Sodoma? Nuestros pueblos de la sierra son hombres amodorrados, no estatuas petrificadas.

     No carece nuestra raza d’electricidad en los nervios ni de fósforo en el cerebro; nos falta, sí, consistencia en el músculo i hierro en la sangre. Anémicos i nerviosos, no sabemos amar ni odiar con firmeza. Versátiles en política, amamos hoi a un caudillo hasta sacrificar nuestros derechos en aras de la dictadura; i le odiamos mañana hasta derribarle i hundirle bajo un aluvión de lodo y sangre. Sin paciencia de aguardar el bien, exijimos improvisar lo que es obra de la incubación tardía, queremos que un hombre repare en un día las faltas de cuatro jeneraciones. La historia de muchos gobiernos del Perú cabe en tres palabras: imbecilidad en acción; pero la vida toda del pueblo se resume en otras tres: versatilidad en movimiento.

     Si somos versátiles en amor, no lo somos menos en odio: el puñal está penetrando en nuestras entrañas i ya perdonamos al asesino. Alguien ha talado nuestros campos i quemado nuestras ciudades i mutilado nuestro territorio i asaltado nuestras riquezas convertido el país entero en ruinas de un cementerio; pues bien, señores, ese alguien a quien jurábamos rencor eterno i venganza implacable, empieza a ser contado en el número de nuestros amigos, no es aborrecido por nosotros con todo el fuego de la sangre, con toda la cólera del corazón.

     Ya que hipocresía i mentira forman los polos de la Diplomacia, dejemos a los gobiernos mentir hipócritamente jurándose amistad i olvido. Nosotros, hombres libres reunidos aquí para escuchar palabras de lealtad i franqueza, nosotros que no tememos esplicaciones ni respetamos susceptibilidades, nosotros levantemos la voz para enderezar el esqueleto destas muchedumbres encorvadas, hagamos por oxijenar est’atmósfera viciada con la respiración de tantos organismos infectos, i lancemos una chispa que inflame en el corazón del pueblo el fuego par=amar con firmeza todo lo que se debe amar, i para odiar con firmeza también todo lo que se debe odiar.

     ¡Ojalá, señores, la lección dada hoi por los Colejios libres de Lima halle ejemplo en los más humildes caseríos de la República! ¡Ojalá todas las frases repetidas en fiestas semejantes no sean melifluas alocuciones destinadas a morir entre las paredes de un teatro, sino rudos martillazos que retumben por todos los ámbitos del país! ¡Ojalá cada una de mis palabras se convierta en trueno que repercuta en el corazón de todos los peruanos i despierte los dos sentimientos capaces de rejenerarnos i salvarnos: el amor a la patria i el odio a Chile! Coloquemos nuestra mano sobre el pecho, el corazón nos dirá si debemos aborrecerle...

     Si el odio injusto pierde a los individuos, el odio justo salva siempre a las naciones. Por el odio a Prusia, hoi Francia es poderosa como nunca. Cuando París vencido se ajita, Berlín vencedor se pone de pie. Todos los días, a cada momento, admiramos las proezas de los hombres que triunfaron en las llanuras de Maratón o se hicieron matar en los desfiladeros de las Termópilas; i bien, "la grandeza moral de los antiguos helenos consistía en el amor constante a sus amigos i en el odio inmutable a sus enemigos. No fomentemos, pues, en nosotros mismos los sentimientos anodinos del guardador de serrallos, sino las pasiones formidables del hombre nacido para enjendrar a los futuros vengadores. No diga el mundo que el recuerdo de la injuria se borró de nuestra memoria antes que desapareciera de nuestras espaldas la roncha levantada por el látigo chileno.

     Verdad, hoi nada podemos, somos impotentes; pero aticemos el rencor, revolvámonos en nuestro despecho como la fiera se revuelca en las espinas; i si no tenemos garras para desgarrar ni dientes para morder ¡que siquiera los mal apagados rujidos de nuestra cólera viril vayan de cuando en cuando a turbar el sueño del orgulloso vencedor!

1888

     

©2006

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